Mostrando entradas con la etiqueta Superación Personal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Superación Personal. Mostrar todas las entradas

4 formas de superar tus miedos

Una experta recomienda cambiar cuatro aspectos de tu persona para dejar atrás los temores y alcanzar tus metas.

En su libro Master Your Fears: How to Triumph Over Your Worries and Get On With Your Life (Domina tus miedos: Cómo triunfar ante las preocupaciones y seguir con tu vida), la psicóloga Linda Sapadin ofrece un plan de acción para enfrentarse a los miedos, incluyendo los puntos clave que pueden aplicarse para los emprendedores en el mundo de los negocios. 

Para superar los miedos que están evitando que inicies tu empresa o que tomes riesgos que podrían beneficiar tu organización, toma nota de estos cuatro pasos: 

Cambia la forma en que piensas
Emprende una acción que has estado pensando desde hace tiempo realizar, sin pensar en los resultados o las consecuencias que podría conllevar hacerlo. 

“Para los emprendedores, esto podría ser, por ejemplo, que quieras llamar a alguien que te podría ayudar. ¿Qué pasaría si te rechaza? No importa. La meta debe estar en tomar acción, sin considerar qué resultados tenga”, dice Sapadin. 

Cambia la forma en que hablas
Usa lenguaje positivo y evita usar frases o palabras con alguna connotación negativa. 

“Suelo decirle a la gente que lo digan aunque no lo crean: ¡Yo puedo hacerlo! y que nunca digan: Yo no puedo. Decir que no puedes hacer algo motiva el miedo en lugar de tranquilizarte. Intenta desarrollar el hábito de usar palabras confortantes, incluso cuando tu primera reacción sea hablar con miedo”, aconseja la experta. 

Cambia la forma en que actúas
Cuando no estás seguro de algo, finge. “No necesitas sentirte confiado por dentro para verte confiado por fuera”, señala Sapadin. “Muchas personas que han conseguido grandes logros tiemblan y se sienten aterrados por dentro pero lo superan y hacen lo que tienen que hacer para alcanzar sus metas”. 

Cambia la forma en que usas tu cuerpo
Sapadin compara el cuerpo con un interruptor; por lo tanto, no lo debes de sobrecargar. “Si te sientes temeroso, tu cuerpo se pone tieso y las personas lo notan”, afirma la psicóloga. 

Sapadin recomienda hacer ejercicios de relajación y de respiración como yoga o meditación. Aún mejor, dice que es bueno tomarte unos días fuera del trabajo o unas vacaciones.

Miedo a alcanzar un sueño

Hay muchas etapas en nuestra vida que nos ponen en la tesitura de tener que tomar elecciones importantes, elecciones que nos pueden llevar a luchar por un sueño o a la comodidad de lo que vendrá, al miedo de si podré alcanzarlo o dejarlo de antemano por perdido.


El miedo atrofia los sueños, los empequeñece, los aísla y los hace menos valiosos a la vista de tus propios ojos pues cambiar cuesta, a veces produce ansiedad y uno tiene que decidir entre la comodidad y la seguridad que ofrece quedarse uno como está, o la valentía de dar un paso hacia ese sueño que puede ser un riesgo.

Entonces, uno tiene que cuestionarse qué es lo que desea hacer, qué es lo que espera de la vida y hacerse la gran pregunta para la que todo el mundo no tiene respuesta “¿Para qué vives?” Podríamos planteárnoslas de otra manera pero siempre llegando al mismo punto: cuál es la finalidad de tu vida, qué es lo que esperas de tu vida, qué quieres hacer con el tiempo en el que estés aquí.

Podríamos pensar que son simples preguntas existenciales pero van más allá del mero hecho de hablar por hablar, de pensar en algo rápido y seguro que no nos comprometa. Para ahí. Piénsalo bien y detente, porque el temor no es comprometerte ante los demás, el auténtico temor puede ser el de comprometerte ante ti mismo y darte cuenta de que puedes o no alcanzar ese sueño o utopía que alguna vez has tenido en tu pensamiento.

Hay personas que cuando se dan cuenta de esto deciden exigirse menos así mismas, así uno nunca puede defraudar ni defraudarse porque si uno hace poco, poco puede obtener y se mantiene dentro de esos rangos de comodidad que antes hablábamos pero ¿Eso es lo que verdaderamente desea, comodidad y no sus propios objetivos?

Esto nos llevaría de nuevo a preguntarnos qué es lo que esperamos de la vida y qué es lo que deseamos hacer mientras respiremos. Como dije en un principio, no tiene porqué resultar sencillo encontrar respuestas a estas preguntas y si respondes demasiado rápido, detente y tómate tu tiempo para reflexionar de nuevo.

Procurar vivir cada día para alcanzar ese sueño es algo que puede resultar ansiógeno para algunos y tranquilizador para otros, pues están en camino.

Sólo cada uno puede dar los pasos necesarios para ir al encuentro de sus propios sueños, no importa si a veces uno camina hacia atrás, si se echa a correr en dirección contraria o hacia su objetivo. A veces, lo que resulta más complejo es encontrar la respuesta, veremos el camino cuando estemos preparados para dar los pasos necesarios hacia él enfrentándonos a los obstáculos que la vida ponga en él.

¿De qué forma quieres vivir tu vida? Luchar por los sueños y contra los miedos o quedarte en la deriva a la espera de lo que pueda alcanzarte. El miedo no es eterno, el miedo limita e inquieta, el miedo marchita los sueños pero si uno se escucha así mismo, se conoce o se da el permiso para pensar sin límites, puede conocer qué es aquello que desea y darle un sentido a su vida, luchar por algo que sabe que le pueda hacer grande porque podrá sentirse orgullo de sí mismo, porque será todo aquello que desea ser.

No olvides que los grandes límites son los que se autoimpone uno mismo.

Trucos para reforzar el autocontrol

Si después de una dura jornada su jefe le pone al borde de perder los estribos, sepa que no tiene excusa para no controlarse.

Una investigación publicada en “Trends in Cognitive Sciences” asegura que el autocontrol no es un recurso limitado que acabe por agotarse, a diferencia de lo que más de uno podríamos pensar y de lo que la Psicología también sostiene.

En opinión de un equipo de investigadores de las Universidades de Toronto (Canadá) y Aberdeen (Escocia), nuestra dificultad para controlarnos cuando estamos cansados se debe a que empezamos a darle más valor a lo que “nos gustaría” hacer que a lo que realmente “deberíamos” hacer.

“Cuando estamos agotados hay un cambio en las prioridades motivacionales y prestamos menos atención y nos implicamos menos en lo que estamos obligados a hacer, al tiempo que nos distraemos y dedicamos más tiempo a lo que realmente nos apetece hacer”, explica Michael Inzlicht, uno de los participantes en el estudio.

En definitiva se trata de una forma saludable en la que nuestro cerebro nos reclama un mayor tiempo de ocio y actividades placenteras frente al exceso de deberes y trabajo rutinario. Aunque no siempre podemos dejarnos llevar en el momento por esta llamada de atención.

Autocontrol

El autocontrol se define como el proceso mental que nos permite manejar nuestros pensamientos, emociones y comportamientos para mantenerlos acordes con los objetivos que nos hemos propuesto lograr. Y tiene mucho que ver con la capacidad de inhibir determinadas respuestas a favor de otras más apropiadas a nuestros propósitos iniciales.

La visión dominante en la Psicología sostiene que el autocontrol es un recurso limitado, como la energía. Desde este punto de vista, el esfuerzo por mantenernos en el camino adecuado llegaría a un límite a partir del cual nos sería más difícil controlarnos. Es decir, que sobrepasada esa “delgada línea roja” sería más fácil perder los estribos y comportarnos de forma inconveniente, ya sea diciendo a nuestro jefe lo que creemos que debería oír o bajando el ritmo en nuestro trabajo.

De hecho es sabido que el rendimiento de la gente decae con el tiempo. Sin embargo, Inzlicht y sus colegas matizan que ese comportamiento se debe a un cambio en las prioridades, y no a una falta de autocontrol. Eso significa, señalan, que podríamos encontrar una manera de salir airosos de esas complicadas situaciones.

Según estos investigadores, la clave estaría en cambiar los “tengo que hacer” por los “quiero hacer” para poder seguir adelante. ¿Y dónde está el interruptor para lograr ese mágico cambio de punto de vista?

Viejos trucos

Los consejos que ofrecen no son novedosos, pero los psicólogos saben que funcionan. En esos momentos clave conviene tomarse un descanso para airear nuestro cerebro. Lo que en el argot psicológico se denomina un “tiempo fuera”, que al sacarnos de la situación conflictiva o que nos cansa nos da un respiro que nos permite pararnos a pensar, en lugar de actuar impulsivamente, y recuperar la “sensación de autocontrol” sobre nosotros mismos.

De ahí que sea tan importante tomarse descansos periódicos en el trabajo, tanto durante la jornada laboral -unos minutos para tomarse un café y charlar distendidamente- como a lo largo del año. Y es que la fatiga juega un papel fundamental en el comportamiento y rendimiento. “Algunas empresas inteligentes ya se han dado cuenta que descansos y vacaciones no son la antítesis de la productividad, sino que en realidad tienen el efecto contrario y pueden aumentarla”, señala Inzlicht

Huir de las tentaciones

Recomiendan también mantener alejadas las tentaciones cuando nuestros niveles de energía son bajos. Lo que los psicólogos llaman control de impulsos.

Y un truco para salir del paso cuando estamos cansados puede ser “recompensarnos” con algún alimento dulce. El consumo de glucosa, señalan los investigadores, aumenta el rendimiento en tareas que requieren autocontrol, como han revelado diversos estudios. Por ejemplo, cuando se aumenta de forma deliberada en condiciones experimentales en voluntarios el nivel de glucosa en sangre se controlan mejor los impulsos agresivos. Como anécdota, este truco también funciona con los perros.

Al parecer los niveles de glucosa tienen un papel importante en el autocontrol, como más de uno habrá experimentado cuando está hambriento. Sin embargo, la forma en que la glucosa aumenta el autocontrol no está clara. Lo que si parece que su efecto es inmediato. El mero hecho de enjuagarse la boca con un líquido azucarado, sin llegar a tragarlo, puede mejorar el control cognitivo.

Lo que significa que la respuesta del cerebro a la glucosa en la cavidad oral es clave para lograr esa mejora cognitiva. Por tanto, según sugieren los investigadores, tomar algo dulce puede ayudarnos a recuperar el autocontrol. Aunque según el dato anterior, no hace falta dejar sin existencias la máquina de bollos del trabajo, sirve con tomar un caramelo o un bombón.

Si no consigue controlarse después unos minutos de descanso, tomados adecuadamente en momentos clave, o recompensarse con algún dulce, a lo mejor es que su cuenta “quiero/tengo que” está totalmente descompensada y necesita un descanso más largo o dejar tiempo en su día a día para actividades placenteras. Y es que cuando nos comprometemos durante mucho tiempo en actividades que nos requieren un esfuerzo y que nos aportan recompensas externas empezamos a reconsiderar nuestras prioridades de forma sesgada hacia lo que de forma natural nos motiva y nos produce recompensas internas.

4 Elementos que precipitan una mala decisión

Todos tomamos decisiones con frecuencia, unas más trascendentes que otras. Y esas decisiones tienen consecuencias, que unas veces son favorables y otras no.

Partiendo de ahí, vamos a detenernos en cuatro “trampas” que, a veces, pueden empujarnos a tomar alguna decisión inconveniente.

1. Creencias arraigadas

Si partimos de premisas erróneas lo más probable es que tomemos la decisión equivocada.

Por ejemplo, cuando alguien no se arriesga a involucrarse en una relación porque cree que no merece ser amado o cuando alguien se conforma con un trabajo que no le gusta, porque cree que no merece algo mejor.

Esas creencias son un auto-sabotaje y nos separan de lo que quizás podría haber sido una buena decisión.

Ser conscientes de que nos están influyendo es el primer paso para dejarlas atrás.


2. Incertidumbre

La incertidumbre causa ansiedad, por la falta de control que se experimenta. Es una situación realmente incómoda, muy estresante. Esto hace que, a veces, con tal de librarnos de esas sensaciones, nos apresuremos a la hora de tomar la decisión que sea. Y puede que no sea la más acertada.

La solución en estos casos pasa por darnos el tiempo necesario para decidir, con calma.

3. Miedo irracional

Cuando algo nos asusta tantísimo que dejamos a un lado la lógica, el miedo toma la decisión por nosotros.

Muy de mano con la incertidumbre, la manera de afrontar la situación pasa por ser capaces de tranquilizarnos lo suficiente como para poder analizar y sopesar los riesgos, sin olvidar las ventajas de cada opción que tengamos disponible.


4. Gratificación a corto plazo

Vivir el momento presente es maravilloso, pero siempre teniendo en cuenta que hay decisiones de ahora que arrojan consecuencias a medio o largo plazo.

Por ejemplo, cuando alguien decide fumar compulsivamente para aliviar la ansiedad, sin pensar en cómo repercutirá en su salud, o cuando alguien se queda la tarde entera viendo la televisión, porque es más divertido que terminar una tarea importante.

Por eso, no está de más que nos detengamos a pensar en los posibles efectos de las decisiones que tomamos. Ya que algunas de ellas, que parecen insignificantes, pueden acarrearnos consecuencias indeseadas.

Cinco pasos para soportar las críticas y salir ganando

Como seres humanos que somos, podemos cometer errores. También vivimos sujetos a la envidia de los demás. Y, por lo tanto, es normal que tarde o temprano recibamos fuertes críticas, incluso por parte de aquellos que más confían en nosotros.


La diferencia entre aquellas personas que salen adelante y las que fracasan suele ser su capacidad para gestionar las críticas. Estas dañan nuestra autoestima, lo que provoca que dejemos de afrontar muchos retos por miedo a exponernos a más críticas. Sin embargo, si somos capaces de escuchar lo que los demás tienen que decir de nosotros, por mucho que no nos guste lo que vamos a oír, no solo no saldremos perjudicados, sino reforzados. Es otra expresión de la recurrente “resiliencia”, ese concepto tan de moda que habla de la capacidad para responder a las dificultades.


No te pongas a la defensiva

La tentación, nada más recibir una crítica, es la de defendernos. Lo más probable es que comencemos a pensar en razones por las que nuestro interlocutor está equivocado, y así se lo haremos saber. Es natural: se trata del proceso mediante el cual protegemos nuestro orgullo y nuestra autoestima. Pero ¿a quién pretendemos engañar? Si se nos hace saber que hemos hecho algo mal, es probable que haya cierta razón en dichas palabras o que quizá estemos dando una imagen que no nos corresponde.

Peor aún que defendernos es contraatacar y echar otras cosas en la cara de aquel que nos ha criticado. Es ese “tú más” que no puede deparar nada bueno, ya que sólo perjudicará la relación sin que ninguno ponga nada por su parte para solucionar los problemas. Como recuerda la escritora Gretchen Rubin, autora de The Happiness Project, lo mejor es repetirse lo siguiente: “Doy la bienvenida a las críticas. Esa persona me está ayudando. Tengo ganas de escuchar lo que sea necesario para mejorar mi trabajo”.

No proyectes tus inseguridades en la crítica


¿De verdad nos están criticando o simplemente es que somos demasiado inseguros? Como explica Susan Krauss en Psychology Today, tendemos a proyectar nuestra falta de confianza personal en las palabras de los demás. Cuanto más daño nos hace una crítica, más probable es que haya tocado un punto sensible que, incluso inconscientemente, sabemos que no es precisamente nuestro fuerte. En ocasiones, nos tomamos lo que es un comentario constructivo como algo destructivo, por lo que debemos conocer nuestras limitaciones para entender qué es aquello que nos pueden reprochar con razón. También debemos tener presente la posibilidad de tocar en nervio cuando critiquemos a los demás, por lo que hay que tener cuidado. Krauss sugiere que sigamos la estrategia de la “crítica sandwich”, es decir, introducir el reproche entre dos elogios. Ello no solo atenuará su efecto negativo, sino que hará más probable que nuestro interlocutor se muestre proclive a escucharnos.

No reacciones inmediatamente

Ante la crítica, lo mejor, en muchos casos, es callarse y asentir. Suena a mansa sumisión, pero especialmente si somos pasionales, es mejor darnos tiempo cuando estemos a solas para reflexionar sobre aquello que nos han dicho. Sólo entonces podremos distinguir lo útil de lo accesorio, y extraer una valiosa enseñanza. Uno de los grandes problemas de ser criticado es que podemos reaccionar exageradamente mal, lo que provocará que la otra persona no esté dispuesta a ayudarnos nunca más. Si contestamos en menos de diez segundos, será nuestro corazón quien hable; si lo hacemos un día más tarde, de forma calmada, será nuestra mente quien lo haga. Además, como recuerda Lori Deschene de Tiny Buddha, es un buen momento para practicar la escucha activa, y analizar cuidadosamente las palabras de la otra persona.

Identifica la fuente de la crítica


Hasta este momento, hemos hablado de estrategias de aguante. Pero también es posible que la crítica no tenga nada de razón (algo que pensamos quizá con demasiada frecuencia). De igual manera que proyectábamos nuestras inseguridades sobre las palabras de los demás, puede ser que los demás proyecten sus problemas sobre nosotros. ¿Quién ha hecho la crítica? ¿En qué tono la ha realizado? ¿Tiene alguna razón para estar envidioso de nosotros? Puede ser una estrategia, incluso inconsciente, para hacernos fracasar, especialmente si es nuestro competidor. Piensa si la crítica puede ser en realidad un argumento ad hominem, y réstale importancia. Incluso en dicho caso, es preferible callar que contraatacar.

Deshazte de lo dañino y quédate con lo útil

Las críticas más despiadadas pronunciadas por nuestros peores enemigos pueden tener parte de razón. Para evitar que nuestro orgullo salga herido, solemos quedarnos con la forma y no con el contenido. Las palabras fieras pueden encubrir una gran verdad, así que, aunque no aceptemos ser tratados injustamente, en nuestro fuero interno debemos hacer ejercicio de autocrítica y juzgar si de verdad debemos cambiar algo de nuestro comportamiento. Al final, nosotros debemos ser nuestros mejores (y más rigurosos) críticos. Los demás simplemente nos proporcionan las pistas para que cambiemos nuestro comportamiento a mejor. No es fácil, pero sólo ello nos permitirá subsanar nuestros defectos.