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Aprende a identificar los síntomas de una apendicitis

Dolor en el abdomen, fiebre y mareos son algunos de los síntomas que indican una inflamación de la apéndice

Uno de los padecimientos más comunes en la población es la apendicitis, este se caracteriza por la inflamación del apéndice, un pequeño saco adherido al intestino grueso y surge principalmente entre los 10 y 30 años, pero también pasa a cualquier edad.

Generalmente existe la duda de si el dolor por apendicitis es de lado izquierdo o derecho, pero más allá de eso, debes aprender a identificar los síntomas de apendicitis, para evitar complicaciones por peritonitis.

Cómo detectar este padecimiento

Dolor abdominal: El clásico signo de apendicitis, se localiza alrededor del ombligo y en cuestión de horas sientes que el dolor se fue al cuadrante inferior derecho del abdomen, quedando ahí latente y cada vez más intenso.

Mareo y vómito: Este síntoma está asociado al dolor abdominal, el malestar en conjunto ocurre en el 90% de los casos de apendicitis.

Fiebre: La fiebre está presente en las primeras horas de evolución, especialmente en niños y adultos mayores. Las temperaturas son alrededor de 37,5 ° C y 38° c.

Estreñimiento y distensión abdominal: Esto ocurre los días previos a que los demás síntomas se presentan e incluso durante el cuadro agudo del padecimiento, para tratar esto también debes consultar al especialista.

Dolor en el lado izquierdo del abdomen: Aunque estrictamente el dolor ocurre de lado derecho, no es imposible que el lado izquierdo tenga molestias, porque hay apéndices que son más largas de lo normal y se extienden hacia esa cavidad abdominal.

Fuente: Notitarde

Escuche el tictac del reloj de su cuerpo

Seguir los horarios que le indica ayuda a prevenir enfermedades como la hipertensión y la diabetes.

Los horarios son parte esencial de la vida. No solo ayudan a programar las actividades diarias, sino a darle un orden al hecho mismo de existir en un mundo cada vez más agitado.

Ese reloj que marca la hora para levantarse, ir a trabajar y hacer pausas en el día para comer, también acompaña internamente al ser humano con el propósito de regular sus funciones vitales.

Con la luz del día, por ejemplo, ordena la producción de cortisol, que es la hormona que ayuda a la gente a mantenerse despierta; del mismo modo induce la producción de melatonina para que pueda descansar y dormir.

Este reloj tiene un sitio en el cerebro, en el núcleo supraquiasmático, región del hipotálamo ubicada encima del quiasma (cruce de fibras que llevan la información del ojo). Gracias a él, el organismo no funciona igual todo el día.

“El reloj biológico está definido en buena parte por nuestra existencia en la Tierra –explica el neurólogo Miguel Dávila–. El hecho de que vivamos en este planeta hace que funcionemos con la alternancia de luz y oscuridad. La luz es el sincronizador externo más importante y, cuando aparece, tiende a despertarnos”.

Todas las células del cuerpo, principalmente las neuronas, se acoplan a ritmos cíclicos definidos en 24 horas. El cerebro, particularmente, está diseñado para funcionar de forma sincronizada con el día y la noche. Como es natural, es más activo en el día y más pasivo en la noche.

Sin embargo, hay fluctuaciones: se sabe, por ejemplo, que el punto máximo de actividad cerebral se encuentra al promediar la mañana, desciende un poco a las dos de la tarde, vuelve a subir alrededor de las seis para de nuevo decaer sobre las nueve de la noche. De ahí que entre las 9 y las 12 (por acción del cortisol) sea el mejor horario para pensar, memorizar y ser productivos. Y después de las 9 de la noche, sean las mejores horas para dormir (por acción de la melatonina).

Esto demuestra que estas y otras hormonas tienen ritmos circadianos y ultradianos. Según el endocrinólogo Iván Escobar, “la secreción de la hormona del crecimiento, por ejemplo, es mayor en las noches, cuando hay un sueño profundo, y las que estimulan los ovarios y los testículos se producen en mayor concentración en el día”.

Eso explica por qué los niños que duermen mal crecen poco y, en casos de infertilidad, se estudia la producción de hormonas durante el día.

El reloj biológico no solo interviene en el ciclo de día y de noche sino que regula y modifica los signos vitales: la frecuencia cardíaca se eleva desde la madrugada, lo mismo que la tensión arterial, al tiempo que baja la temperatura corporal. En ese momento, –explica el neurocientífico Alejandro Velásquez, profesor de la Escuela de Medicina del Rosario– el cuerpo se despierta y coincidencialmente, cuando existen factores predisponentes, es la hora de los infartos y los problemas coronarios.

A esas horas también disminuye la producción de la hormona antidiurética, lo que hace que la gente experimente ganas de orinar tan pronto se levanta de la cama. De la misma forma se puede explicar la somnolencia después del almuerzo y la reactivación de la energía al final de la tarde.

Este reloj no solo activa las funciones macrobiológicas, sino que tiene incidencia en las células que gobiernan el metabolismo.

Los ritmos circadianos y su entendimiento condicionan no solo el bienestar, también beneficios desde el punto de vista médico. “Algunos medicamentos actúan mejor en unas horas y tienen menos eficacia en otras”, dijo a BBC Mundo Francis Levi, del hospital Paul Brousse en Villejuis, París (Francia).

Algunos analgésicos funcionan muy bien en la noche, al igual que ciertos medicamentos para reducir el colesterol y los triglicéridos, puntualiza Velásquez.

Efectos de dormir mal

Trabajar de noche se asocia con un mayor riesgo de desarrollar problemas de tipo metabólico como hipertensión y diabetes y males cardiovasculares.

Las personas que trasnochan también están más predispuestas a sufrir cáncer de mama.

Quienes duermen mal tienden a ser un poco más obesos.

En los turnos de noche, dado que la eficiencia es menor y los niveles de atención son mínimos por el cansancio, se presentan mayores riesgo de accidentes laborales.

Así funciona el cuerpo, según las horas del día

1. De 6 a 9 a. m.: Es buen momento para levantarse. Se interrumpe la producción de melatonina, la hormona del sueño. La producción de testosterona en los hombres se encuentra en su máximo nivel.

2. 9 a 12 a. m.9 a 12 a. m.: Hay mayor actividad mental y capacidad de pensar, memorizar y producir. El cortisol, hormona del estrés, está en su nivel máximo.

3. 12 a 3 p. m.: Bajan los niveles de alerta, aumenta la actividad gástrica y aparece la somnolencia. Hay mayor dilatación de los vasos sanguíneos del sistema digestivo y disminuye la circulación cerebral.

4. 3 a 6 p. m.: Aumenta la temperatura interna del cuerpo y mejoran las capacidades pulmonar y cardiovascular. Buen momento para ejercitarse.

5. 6 a 9 p. m.: Caen los niveles de cortisol y ascienden los de melatonina. Hay neurotransmisores que relajan el cuerpo y el hígado metaboliza mejor el alcohol.

6. 9 a 12 p. m.: Hay mayor concentración de melatonina, el cerebro disminuye su estado de alerta, estimula las funciones automáticas, el cuerpo se relaja y hay predisposición para el descanso.

Fuente: El Tiempo

Así cambia el cuerpo femenino después del embarazo

La Fundación del Instituto de Investigación Kaiser reveló mediante un estudio, que la maternidad modifica el cuerpo de la madre en varios aspectos, por ejemplo el útero, que aunque no se ve, se retrae y dura aproximadamente 40 días en volver a su tamaño original.

El vientre es la zona que sufre mayor expansión y seguirá dilatado durante semanas o meses.

En los abdominales se sufre un debilitamiento que desmejora el organismo, provocando problemas de estreñimiento y hemorroides.

También las hormonas sufren un cambio importante, por eso es normal que a la mujer se le quiebren las uñas o se le caiga el cabello.

Los expertos afirman que los primeros seis meses después del parto, incluso el primer año completo, es ideal para recuperar la figura que se tenía antes del embarazo, si la madre está amamantando, aparte de fortalecer los lazos con el bebé, estará quemando entre 200 y 500 calorías.

Se recomienda acudir al nutricionista para llevar un plan alimenticio sano para la madre y el bebé.

Fuente: Analítica

Esos 'cinco minutos más' de sueño afectan todo tu día

Entre más pospongas tu alarma, más confundes a tu cuerpo y cerebro.

Si eres de los que pospone su alarma por las mañanas para disfrutar de otros cinco, quince o veinte minutos más de sueño, es probable que esté afectando tu descanso y hasta tu productividad durante el día.

Puede que suene inofensivo pero lo que haces en realidad es confundir a tu organismo. El sueño está compuesto por ciclos y tu cuerpo sufre una serie de cambios que lo preparan para despertarse, sin embargo, cuando suena la alarma y en lugar de levantarte, obligas a tu cuerpo a volver a dormir, inicias un nuevo ciclo de poca calidad (que no concretas) y lo único que ocasionará es que durante el día te sientas cansado.

Rafael Pelayo, especialista del sueño de la Universidad de Stanford, recomienda poner tu alarma a la hora verdadera a la que piensas pararte y respetarla, pero sobre todo asegura que despertarte todos los días a la misma hora ayudará a tu cuerpo a dormir de manera natural, cuando lo crea conveniente en función de levantarse a la hora acostumbrada.

Posponer tu alarma es causa de un problema más profundo. La mayoría se duerme tarde y se levanta temprano y creen que 20 minutos extra pueden ayudar, pero no. 

Los expertos recomiendan dormir al menos siete horas, así que tienes que calcular a qué hora debes ir a la cama para completar esa cantidad de sueño necesaria sin necesidad de posponer tu alarma una y otra vez en las mañanas.


¿Es malo reprimir la rabia?

Cuántas veces ha escuchado que no expresar la ira es malo para su salud? Hay una idea generalizada de que reprimir el enojo no es bueno para el cuerpo, o que por lo menos puede causar una úlcera estomacal. Existen informes que sugieren que puede ser malo para el corazón.

Pero cuando examinamos las pruebas recopiladas a lo largo de los años, ¿qué encontramos sobre el manejo de la ira?

Con respecto a las úlceras, éstas pueden aparecer tanto si usted da vueltas furioso en una habitación como si cocina su ira a fuego lento en silencio.

No hay pruebas claras de la relación entre el hecho de expresar o no el enojo y la formación de úlceras, ya que ahora se sabe que la mayoría de ellas son causadas por la bacteria Helicobacter pylori o por el uso prolongado de fármacos antiinflamatorios sin esteroides. 

Cuando se trata del corazón, las pruebas son más ambivalentes. En un estudio realizado en la Universidad de Carolina del Norte en el año 2000, se hizo una encuesta entre 13.000 pacientes que calificaron su propia tendencia a enojarse, y años más tarde se les realizó un seguimiento.

Aunque su presión arterial era aparentemente normal, los que dijeron que pierden los estribos con frecuencia tenían tres veces más probabilidades de haber tenido ataques al corazón durante esos años que los otros pacientes, incluso cuando se tomaron en cuenta factores como el tabaquismo, la diabetes y el peso.

Del mismo modo, Mark McDermott de la Universidad del Este de Londres halló que aquellas personas que expresan su ira han sufrido más enfermedades cardíacas que aquellos que se abstuvieron de gritar.

Exprésese
Esto es bastante creíble, especialmente cuando se sabe que algunos de los mecanismos fisiológicos a través de los cuales expresamos la ira son dañinos. Cuando uno pierde los estribos, la cara se enrojece, se aprieta la mandíbula y el corazón comienza a latir fuertemente preparándose para la lucha o la huida.

En caso de necesitar energía adicional, el cuerpo toma grasa del músculo liso. Si los ácidos grasos no son finalmente utilizados, tienen que ir a parar a alguna parte y pueden acabar en las paredes de las arterias: estos depósitos pueden contribuir a la enfermedad cardíaca.

Cada vez que su presión arterial se dispara, pueden quedarle cicatrices en el tejido como consecuencia de las diminutas heridas infligidas sobre las paredes de las arterias. Una cicatriz de vez en cuando no es un problema, pero si se repite día tras día, el daño puede acumularse. Un corazón sano puede hacer frente a esto, pero si alguien ya tiene una enfermedad coronaria, a veces el aumento repentino de la presión arterial puede causar que los depósitos de grasa en el interior de la pared de las arterias se desprendan y bloqueen la arteria.

Si la sangre no puede llegar al corazón, el resultado es un ataque al corazón; si no puede llegar al cerebro, será un accidente cerebrovascular.

Pero otros estudios no han demostrado que exista una relación entre la ira y las enfermedades cardíacas, o que las personas con presión arterial alta sean más propensas a reprimir su ira.

En un intento por llegar al fondo del misterio, la israelí Giora Keinan prestó atención no sólo a la frecuencia con que la gente se enoja sino a la intensidad de la ira expresada. Keinan constató que en términos de salud, lo mejor es enojarse mucho y tratar de exponer los argumentos de manera "clara y firme", pero hacerlo sólo en raras ocasiones.

La investigadora sugiere que las personas que logran hacerlo son probablemente las mismas que generalmente saben encontrar otras formas de lidiar con situaciones difíciles. Esto reduce la cantidad de estrés que esas personas experimentan, lo que mejora la función inmune y, por tanto, la salud.

Otra posibilidad es que todo dependa de la forma en que uno expresa la ira. Un estudio realizado en Canadá tomó a 785 adultos seleccionados al azar y les hizo seguimiento durante una década. Se encontró que los hombres que expresan su enfado de manera constructiva y lo utilizan para conseguir que se haga algo, tenían menos probabilidades de desarrollar enfermedades del corazón. En cambio, no se hallaron diferencias entre las mujeres.

Por otra parte, tanto para hombres como mujeres, la expresión del enojo de forma que se culpa a otros y se justifican las propias acciones está asociada con más enfermedades cardíacas.

Preparados para la fiesta
Incluso aunque los estudios no sean concluyentes en cuanto a si la ira es buena desde un punto de vista físico, seguramente el solo hecho de liberar lo que llevamos dentro nos proporcione algo de alivio, ¿no es así? Tal vez no.

Algunos terapeutas le dan a sus pacientes sacos de arena para golpear, pero esto no siempre es tan catártico como suena. De hecho, puede aumentar los sentimientos de ira.

En un estudio, varias personas recibieron críticas insultantes acerca de un ensayo que habían escrito, incluyendo comentarios como por ejemplo "este es el peor ensayo que he leído". La mitad de las personas tuvieron la oportunidad de descargar su ira golpeando un saco de arena. Dijeron que lo disfrutaron, pero luego cuando en otra parte de la prueba tuvieron que someter a un competidor a fuertes ruidos, castigaron a la gente con ruidos más sonoros que los del otro grupo.

Parece que en lugar de calmar, el saco de golpes había vuelto a las personas más agresivas.

Entonces, ¿qué significa todo esto? Bueno, sugiere que retener la ira no provoca demasiado daño, que un arrebato ocasional probablemente esté bien y que no importa tanto si uno se enoja o no, sino cómo lo hace y con qué frecuencia.