Las técnicas de "mindfulness" también se pueden aplicar para mejorar nuestra alimentación, perder grasa y ganar músculo y ganar rendimiento como personas deportistas y saludables. ¿Conoces el mindfulness?Se traduce como "atención plena". El mindfulness no es más que ser conscientes de lo que pasa por nuestra mente, cuerpo y corazón en cada momento, sin dejarnos arrastrar por la velocidad de la vida actual. Para conseguirlo utiliza técnicas de concentración y meditación básica, para respirar bien, relajarnos y encontrar el equilibrio.
Mindfulness se ha vuelto muy popular porque vivimos rodeados de estrés, ansiedad, nervios y nos vamos a dormir con la sensación de no acabar nunca las mil tareas de cada día. El mindfulness es una vuelta a lo esencial, porque hemos olvidado que para vivir feliz basta respirar, comer sano, relacionarse, hacer ejercicio y descansar. Poco más necesitas para tener salud y ser más feliz.
¿Y qué tiene que ver el mindfulness con la alimentación?A la hora de hacer deporte, practicar mindfulness en la mesa ayuda a alimentarse mejor, a seguir una dieta adecuada, tanto para perder peso como para asimilar mejor la energía de los alimentos. En nutrición deportiva tendemos a pensar solo en hidratación, vitaminas, minerales, carbohidratos, grasas o proteínas, pocas veces pensamos que para conseguir energía también hay que cuidar la forma en que comemos: masticar con calma y digerir sin prisas.
Comer mindfulness es comer sano, planificando las comidas, pensando en qué alimentos necesitamos comprar y cocinándolos con mimo, para nutrirnos según lo que necesitamos en cada momento, no solo antes, durante y después de entrenar.
Come con atención y con intención: "Mindful eating"Ahora vamos a ver las claves para comer de forma consciente. Cómo se puede aplicar la esencia del mindfulness en la mesa para alimentarse mejor, tener mejor salud y más energía para los entrenamientos y el día a día.
1. Antes de comer, piensa
Es la base de mindfulness, pararte a pensar y analizar antes de actuar. No te lleves cualquier cosa a la boca por hambre, rutina o aburrimiento con la excusa de que entrenando vas a quemarlo todo. No podemos dejarnos llevar por nuestras apetencias, el hambre o una mala gestión de nuestro tiempo que nos lleva a comer cualquier cosa porque no hemos podido desayunar o acabar con nuestra frustración comiendo helado frente a la tele.
Piensa qué introduces en tu cuerpo: el café de primera hora de la mañana, la bebida energética que llevas en el bidón, las cervezas y tapas con los amigos… y no te olvides de lo que bebes y comes mientras ves la tele en el sofá. Probablemente descubras que comes mucho más de lo que crees y no tan sano como pensabas. Puede que pienses que comes sano porque no comes bollos ni fritos, pero te estás pasando con las barritas, geles y bebidas energéticas, gominolas de cafeína y hasta con el agua si bebes en plan elefante.
2. Come cuando tengas hambre de verdad
Es bueno recuperar la sensación de hambre, dejando pasar unas 3 horas entre cada comida y realizar una vez al mes ayunos de 24 horas con zumos y caldos depurativos, para llegar a saber lo que es el estómago vacío. Esa sensación nos reconecta con nuestro instinto de supervivencia y nos enseña a distinguir el hambre de la gula. No es malo pasar hambre entre horas, significa que tu sistema digestivo trabaja bien y que ya ha terminado con la digestión de lo que has comido y está preparado para volver a digerir la siguiente comida, incluso los alimentos huelen y saben mejor cuando tenemos un poco de hambre.
3. ¿Y si tienes hambre a todas horas?
Las personas deportistas solemos tener más hambre que las que no hacen deporte. Pero no es hambre todo lo que parece, hay mucha gula entre los deportistas. Hay que aprender a reconocer el hambre real del picoteo porque hemos acostumbrado al cuerpo a comer a todas horas. Hambre es cuando notas que estás de mal humor, tienes un hueco en las tripas y hasta te duele la cabeza. Esa energía primitiva que nos haría salir a buscar comida, con energía suficiente para hacer un sprint detrás de la presa o acarreando la comida que hemos recolectado. El hambre no es mala si se controla, ¡no es necesario llegar a desfallecer por inanición! Los deportistas podemos ser como los niños pequeños, solo queremos carbohidratos como pasta y azúcares para alimentar a nuestros músculos fácilmente con glucosa que se consume más rápido que las grasas y proteínas. Esto puede originar un círculo vicioso entre la hormona insulina y la glucosa en sangre, con altibajos de energía que pueden acabar en una buena pájara. Vuelve a ser consciente de tus necesidades cuando entrenas, es bueno probar a entrenar en ayunas y experimentar cómo funciona tu cuerpo cuando no tiene alimento "reciente" y tiene que metabolizar grasas eficientemente. Entrenar en ayunas te enseña a tener "atención plena" en la gestión de la energía, a comprobar qué tipo de energía te proporciona cada alimento. Hay personas que metabolizan muy bien las grasas antes de entrenar, y no funcionan con carbohidratos clásicos, curiosamente.
Fuente: Sport Life